La "conquista" de la paz
¿Es la paz la ausencia de guerra? Desde un punto de vista lógico, tendríamos que ver ausencia como “carencia” de guerra para que exista la paz, lo que sería un tremendo error, pues sería afirmar que la paz existe cuando la guerra ha sido superada, y que la guerra, es un producto de mecanismos de la paz; lo que no sería del todo erróneo en nuestros días bélicos; pero es sólo otro modo de decir que la paz es un equilibrio de interés sangriento, detenido, por todos los tratados que se redactan para su contención de tributo de almas y vidas humanas. Fruto de ello es la cultura que tenemos… hasta en el Romanticismo había algo heroico y patriótico al participar como verdadero caballero; ¿sabéis cuántos caballeros muertos hay cabalgando sobre ese error? Todos los que no han redactado luego un “tratado de paz”.
La palabra paz es más que una buena intención, más que una palabra aliviadora, más que una esperanza de no derramar sangre ni cuerpos vacíos de vida sobre la tierra mojada de sangre utilizada; la paz se recibe, no se da. Ésa debería ser nuestra política de religión, no nuestra bandera de fuerza. ¿Acaso el hombre es más hombre por demostrar su fuerza? Si así lo fuera, sólo sería hombre al demostrarla, y no es un caso que se cumpla a rajatabla; ni se debería cumplir como lo hace tristemente en muchos relacionados con el maltrato, la ira, la demostración de superioridad humilladora, la violencia gratuita, e incluso la cultura occidental. ¿Habéis pensado por qué el “karma” empezó en Oriente con la religión budista?
Estoy convencido—y tengo experiencias de todos los colores— de que el que vence genera odio; el vencido sufre; y con serenidad de espíritu y alegría se superan ambas barreras: tanto la del odio, como la de la efímera y necesitada victoria. Pensadlo detenidamente: puede que el derrotado sea un ser vencido; ¿pero y el vencido, no es un ser que ha necesitado un ser derrotado para su estado? Lo que me lleva por el sendero del pensamiento de que es un ser necesitado, una espiral que se alimenta de derrotas cosechadas por sus “victorias”; ya sean pasajeras o duraderas, pero que no dejan de ejercer una fuerte dependencia del vencido. No es un poder; es la patología de nuestros beligerantes días. Toma cada vez más forma en mi mente el pensamiento de que, el más fuerte, es aquel que no protege al débil, sino aquél que le enseña a ser fuerte sin tener que hacer uso de su supuesto poder de sometiendo del más necesitado. Claro que, ¿cuántas banderas hay por la paz?... sólo víctimas.
Los que aman <
“Y arrojó al hombre del paraíso”. Dudo de que existiera; pero hace mucho tiempo podríamos haberlo construido en la Tierra. No como el Infierno que es ahora, en el que arrojamos toda nuestra basura mental de reglas de comportamiento. Y, necesito preguntar una cosa, que aunque no tenga respuesta cada uno la encontrará sino lo ha hecho ya; ¿cuántos de nosotros se han conquistado a sí mismos?
Puede parecer que soy un hombre seguro de mí mismo; y en muchos casos lo soy. Pero los lances del tiempo y el mundo en el que me estoy desarrollando como redactor de impresiones y experiencias, no puedo decir con estoica seguridad que el rumbo al naufragio no me dé miedo. ¿Cuántos conflictos armados hay en el mundo para mantener la industria de armamento y la “paz”? ¿Entendéis la gravedad de la situación, cuando, en los EEUU, un chico de dieciséis años puede tener un arma, pero no es posible que entre al cine a ver una película?
Busqué a Dios en más de una ocasión, sin encontrarle. ¿Pero cómo hacerlo ante la cultura del más fuerte? Amamos la destrucción, sin que nadie luche nada más que por sus intereses. ¿Por qué creéis que estamos descabezando las religiones en pro de la ciencia?… El que controle el conocimiento de destrucción, heredará el planeta. Y no me desvinculo de mi naturaleza, ni soy un dadivoso de utopías; tan sólo soy una pequeña persona que mira de cerca y de lejos los acontecimientos, con un poco de fe. ¿Realmente Dios mío, si existes, eres la senda y el camino y el caminar por tu voluntad de amar? Vivir en paz es la nulidad de la cadena y jerarquía de castigos terrenales. También del miedo a un castigo celestial, inexistente. ¿Es un “mito” creer que podemos amar colectivamente, o lo recelamos como algo inoperante y sólo individual, sin dejar de pensar que todo lo demás esté corrompido, atado a un recto destino que es imposible torcer?
Y, no, no soy religioso, soy ateo, pero creyente en que haya una paz exterior e interior a toda nuestra realidad objetiva y subjetiva. El mundo es un lugar para la tribu pesimista, pero hasta ante nuestros ojos se despliega todo un carrusel de belleza. La vida, para mí, es como un teatro y un drama; teatro visto con los ojos del tedio; pero un verdadero drama cuando todos conocemos el incierto destino que nos espera. Como si el final fuese a nadie que se quisiera visitar, pero que lo haces cuando más necesitado estás de descansar.
Nuestra cultura necesita una transformación urgente, no una “revolución”, sinonimia de que los términos están mal enfocados desde un principio; metamorfosis es lo primero que se me ocurre. Lo cual no es nada fácil. ¿Hay alguien que no me crea? Trascender el ámbito mental del nous que nos gobierna es un prioridad de urgente necesidad. Creo que de ese modo habría un digno esqueje para que brotara la felicidad, aunque yo todavía lo siga intentando. ¿Por qué no luchamos por el bienestar o por la justicia? Puede que sea un iluso de la armonía Universal… pero el mundo no es del hombre, es un espacio para habitar; sólo que, unos pocos deleznables lo han conquistado con sus esparcidas costumbres y nos han dicho que lo inteligente es destruirse y destruirlo en aras de la humanidad.
La paz es un término demasiado serio para las votadas manos políticas, y muy complejo para las taimadas manos religiosas a lo largo de su historia. Es un tema de todos. No exclusivo de instituciones ni de mecanismos de poder de elección ajenos. Dualismo y monismo se contradicen y se complementan al mismo tiempo, en este caso que expongo. Recordar. La paz se recibe, no se da como un presente, ni como un panegírico; más concretamente, la paz se recibe porque se construye por uno mismo, y se extrapola al exterior, irradiándolo. Espero que nunca tenga que luchar por la paz. Y si lo hago, que no haya vencidos ni victoriosos, sólo paz.
Nuestra civilización preponderante ha relegado lo “femenino”, y relacionado, con inferioridad. Hago hincapié en la actitud, no en la mujer, que también existe este problema desde hace ya demasiado tiempo. Guardo la sospecha de que hemos despreciado cierta androginia—que todos tenemos en mayor o menor grado— para establecer una actitud renovada y efectiva para la receptividad de la vida, despreciada en muchas latitudes. ¿Habéis notado cómo las filosofías y las religiones, son fuentes excelsas del poder humano? ¿No produce eso mayor sensación de vacío y tosquedad para el conocimiento de la paz?
Apilamos, una equivocada praxis del <
Con el tiempo, he aprendido que el talante de la realidad se aprende con la asimilación: desde la órbita del electrón, al crecimiento de la materia.., la vida entera sin principio ni fin; y, cómo no, la inmensidad y complejidad, del desierto Universo. Asimilando se transforma.
Hasta en las relaciones interpersonales usamos el apretón de manos—cosa que hacía con vehemencia y fortaleza yo mismo— apartándolo e incluso demonizándolo por un abrazo, un beso, una mirada sin compromiso. Si no, no seríamos hombres destructores; los guerreros culturales. ¿Por qué no recibir con el cuerpo y el alma? Un equivocado pathos social. Deberíamos hacer más caso de la morfé; ya sea de soberanía exterior e interior, y por tanto, in—separables.
Si recibes la paz, recréala. Es así como crece, como se alimenta; no por necesidad, sino por transformación. Hoy en día, la esquizofrenia cultural viene por una separación que, a mi juicio, es la separación de lo corporal y lo espiritual; la “incoherencia” de algo accesible desde sentidos diferentes. La doble conducta humana nos ilustra bien en este ejemplo, con el desorden que producen en nosotros sus mentiras. Vestidas, como verdades prostituidas.
La “gracia” de Dios no es exclusiva de él, si es cierto que existe; es un medio para evitar que esa “gracia” sea nuestra, sea patrimonio de la humanidad; como debería serlo antes de querer matarnos unos a otros por pura incapacidad de recrearla. Desconocen que, la creación continúa, o mejor dicho, que la creación, es una creación continua. ¡Necios de ojos reproductores de acontecimientos! ¡Habéis secuestrado el mundo de los sentimientos!, ¿acaso no es ésa nuestra principal virtud humana aparte de la razón? ¿Por qué cercenarla…, somos, en vuestro lenguaje robots consumidores? Los robots no tienen corazón.
Las huellas del mundo se conservan, aunque sea nuevo a cada paso histórico; ¿y esas huellas no están en el Universo creado? Metanoia olvidada por el capitalismo cultural… ¿Puede la realidad morir?
No quiero decir, ni constatar que la paz venga de un “ser Todopoderoso” o que haya que recibirla de otro, o que sea una limosna para dar; no. La paz se recibe, pongámosla como cultura del alma.


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